viernes, 8 de julio de 2016

La verdadera recompensa de ser un profesor


El día de ayer unas alumnas de cuarto de acercaron a un profesor para contarle que habían visto un gato bebé en una de las alcantarillas del colegio.

Ellas estaban muy acongojadas y querían ir a sacarlo de inmediato de allí. En ese momento no fue posible para mí acompañarlas, pero quedamos de ir hoy en el primer descanso. Antes de que se acabara la clase estaban paradas en la puerta esperándome para ir por él. De hecho ni siquiera comieron la media mañana sino que se fueron directamente a buscarme. 

Al llegar nos dimos cuenta que no es sólo uno, sino tres. Pero sólo pudimos coger a este pequeño que ven en la foto. Seguimos en la búsqueda de los otros dos y por supuesto, de la mamá para que no tenga más crías en la calle.

Al ver a estas niñas tan entusiasmadas y preocupadas por este gatito, siendo capaces de sacrificar sus descansos y el tiempo para comer, tuve uno de esos momentos, que tristemente en la vocación de la docencia a veces son tan pocos, en que me sentí tan orgullosa de ser profesora que me dieron ganas de llorar. 

Sentí una satisfacción muy grande. Sentí que lo que hago si va dejando huella en mis estudiantes.

Si hay algo que he aprendido en mis años de docencia, y también por mi propia experiencia personal, es que los conocimientos concretos no es lo que uno aprende en el colegio. O más bien, si lo aprende pero se olvida bastante rápido. Cuando como profe me pidieron que enseñara matemáticas en el grado tercero de primaria, tengo que reconocer que no tenía ni el más mínimo recuerdo de cómo se dividía. Tuve que entrar en youtube a ver alguno de los mucho videos que allí hay para aprenderlo de nuevo y poderlo enseñar. Y así como la división, son muchas las cosas que he olvidado y que he re-aprendido cuando tengo que enseñarlas. 

El verdadero aprendizaje está en la huella que algunos maestros dejaron en mí y en la huella que yo logro dejar en algunos de mis alumnos. Una huella que los hace ser mejores personas. 

La preocupación por la naturaleza ha estado presente en mí desde hace varios años y es algo que trato de transmitirle a mis alumno todo el tiempo. Aún siendo la profe de matemáticas y no la de ciencias. Afortunadamente me doy cuenta de que son muchos los profesores que cada día se preocupan más y más por esto. 

El poder ver cómo estas enseñanzas van cambiando la forma de ver la vida, el mundo, la naturaleza, los animales, no sólo en mis estudiantes, sino en muchos más por el trabajo que vamos haciendo los profesores, no hace más que llenarme de orgullo y satisfacción por haber escogido esta vocación, tan ardua a veces, pero que da unas alegrías inmensas, no de un aumento, de un puesto, de un salario, sino de saber que se ha cambiado una vida.