miércoles, 27 de abril de 2016

Sobre ESE niño del que todos los padres se quejan y no quieren que su propio hijo esté con él

Esta mañana he leído una carta escrita por Amy Murray, la directora de educación infantil en la Calgary French & International School en Canada. 

Esta situación no es extraña para nosotros los maestros. Todos los años tenemos al menos un niño, que es ESE niño.

Es doloroso para mí cuando sabiendo por lo que está pasando ESE niño, vienen papás a decirme que qué más voy a hacer. Que ellos ya no van a aguantar más esa situación. Inclusive me dicen que dónde pueden poner una queja formal. Yo en mi interior me pregunto: ¿Qué es lo que quieren? ¿Que lo echen del colegio? ¿Acaso no merece ESE niño al igual que todos los demás, que luchemos por él para darle una vida mejor?

Por mi parte, mi promesa es la misma que la de la maestra, yo lucharé por todos los ESE niños para hacer que su vida sea un poquito mejor.

Simms Taback

Queridos padres:

Lo sé. Estáis preocupados. Cada día, vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más terrible palabrota en la clase de gimnasia.

Os preocupa que ESE niño desmerezca el aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el lápiz. Lo sé.

Vuestro hijo, este año, en esta clase, a su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.

Fijaos, me preocupo todo el tiempo. Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa chiquitina, y porque hay otro que lleva siempre la caja del desayuno vacía. Me preocupa que la chaqueta de Gavin no abrigue lo suficiente, y porque el padre de Talitha le grita por dibujar la B del revés. La mayoría de mis desplazamientos en coche y duchas las dedico a estas preocupaciones.

Pero, lo sé, quereis hablar sobre ESE niño. Porque la B invertida de Talitha no le va a poner un ojo morado a vuestro hijo.

Yo también quiero hablar de ESE niño, pero hay muchas cosas que no puedo contaros.

No puedo contaros que le adoptaron en un orfanato a los 18 meses.

No os puede decir que está haciendo una dieta para descartar alergias alimentarias, y que tiene hambre TODO EL TIEMPO.

No os puedo contar que sus padres están en medio de un horrendo divorcio, y que está viviendo con su abuela.

No puedo contaros que empieza a preocuparme que la abuela beba…

No te puedo contar que la medicación para el asma le agita.

No puedo contaros que su madre es monoparental, y por esto entra en el colegio cuando abre la acogida matinal y se queda hasta la acogida vespertina, y después el viaje hasta casa les lleva 40 minutos y por esto duerme menos que muchos adultos.

No puedo contaros que ha sido testigo de violencia doméstica.

De acuerdo, decís, entendeis que no puedo compartir información personal o familiar. Sólo queréis saber qué estoy HACIENDO al respecto de su comportamiento.

Me encantaría decíroslo. Pero no puedo.

No puedo contaros que va a logopedia, que han descubierto un retraso severo del lenguaje y que los terapeutas piensan que las agresiones tienen que ver con la frustración por no ser capaz de comunicarse.

No puedo contaros que me veo con sus padres CADA semana, y que ambos habitualmente lloran en estas reuniones.

No puedo contaros que el niño y yo tenemos una señal secreta con las manos para que me diga cuando necesita sentarse solo un rato.

No puedo deciros que pasa el descanso acurrucado en mi regazo porque “me hace sentir mejor oír tu corazón, señu”.

No puedo contaros que he estado rastreando meticulosamente sus incidentes agresivos durante 3 meses, y que se han reducido de 5 incidentes al día, a 5 por semana.

No puedo contaros que la secretaria del colegio ha aceptado que le mande a su despacho a “ayudarla” cuando me doy cuenta de que necesita un cambio de escenario.

No puedo contaros que me he puesto de pie en una reunión de docentes y que, con lágrimas en mis ojos, les he ROGADO a mis compañeros que le echen un vistazo extra, que sean amables aunque se sientan frustrados de que haya vuelto a pinchar a alguien, y esta vez, JUSTO DELANTE DE UN PROFESOR.

El asunto es que hay TANTAS COSAS que no puedo contaros sobre ESE niño. Ni siquiera lo bueno.

No puedo contaros que su trabajo en el aula es regar las plantas y que lloró con el corazón roto cuando una de las plantas no sobrevivió a las vacaciones de Navidad.

No puedo contaros que despide a su hermanita con un beso cada mañana, y le susurra “eres la luz de mi vida”, antes de que mamá se aleje con el carrito.

No puedo contaros que sabe más sobre tormentas que muchos meteorólogos.

No puedo contaros que a menudo se ofrece para sacar punta a los lápices durante el recreo.

No puedo contaros que estruja al pelo de su mejor amiga en el descanso.

No puedo contaros que, cuando algún compañero llora, cruza el aula para ir a buscar su cuento favorito desde el rincón de las historias.

El asunto es, queridos padres, que solo puedo hablaros de VUESTRO hijo. Así, lo que os puedo decir es esto:

Si nunca, en cualquier momento, VUESTRO hijo se convierte en ESE niño…

No compartiré vuestros asuntos personales con otros padres de la clase.

Me comunicaré con vosotros con frecuencia, y con amabilidad.

Me aseguraré de que haya pañuelos cerca en nuestras reuniones, y si me dejais, os sujetaré la mano mientras lloráis.

Defenderé que vuestro hijo y vuestra familia reciban los servicios especializados de mayor calidad, y cooperaré con estos profesionales en la mayor medida posible.

Me aseguraré de que vuestro hijo reciba amor y mimos extras cuando más lo necesite.

Seré la voz de vuestro hijo en la comunidad escolar.

Seguiré, pase lo que pase, buscando y descubriendo, todas las cosas buenas, asombrosas, especiales y maravillosas de vuestro hijo.

Os recordaré a él y a VOSOTROS de estas cosas buenas asombrosas especiales maravillosas, una y otra vez.

Y cuando otro padre se acerque, con quejas sobre VUESTRO hijo…

Le contaré esto, una y otra vez.

Con mucho cariño,

La maestra.

lunes, 25 de abril de 2016

Horario en casa

Es muy común que en las diferentes reuniones que tengo con los papás me planteen la dificultad que encuentran para que sus hijos se sienten a estudiar mientras ellos llegan del trabajo.

Los padres esperan que sus hijos tengan una rutina que sea más o menos llegar a casa, quitarse el uniforme y ponerse ropa cómoda, comer algo, sentarse a estudiar y realizar una actividad de descanso.

Para los adultos esta secuencia de actividades parece sencilla. Sin embargo, para los niños llega a ser algo abstracto y difícil de seguir.

Generalmente les recomiendo que tengan un horario en algún lugar visible de la casa, que les ayude a los niños a mirar la secuencia de actividades que deben seguir.

Hoy me he encontrado esta idea que quiero compartir porque me ha parecido muy concreta, visual y fácil de seguir para los niños. 

Como pueden observar los materiales son muy ecológicos: sólo se necesita una caja de cartón, hojas recicladas y marcadores.

Los pasos que les propongo para realizarlo son los siguientes:

1. Sentarse con sus hijos y escribir una lista de las cosas que ustedes esperan que los niños hagan por la tarde. Preguntarles antes, para ver cuáles de ellas ellos ya tienen asimiladas. Una vez que los niños den sus respuestas, complementarlas con las que les hagan falta.

2. En conjunto calcular más o menos cuánto tiempo debe dedicar a cada actividad. Las ilustraciones que pueden observar como referencia no tienen el horario, pero les recomiendo que lo añadan, pues es una guía importante para los niños.

3. Realizar dibujos ilustrativos de cada una de las actividades.

4. Pegarlos en la caja de cartón en el orden en que debe realizarlos el niño y escribir en la parte de arriba la hora aproximada y en la parte de abajo, la descripción de la actividad.






Este horario no sólo será de gran ayuda en el momento de organizar las actividades de la tarde, sino que además podrán disfrutar de un tiempo en familia diseñándolo.

lunes, 18 de abril de 2016

La curva del olvido

Todos sabemos que la memoria es una parte fundamental en el proceso de aprendizaje. De hecho Bayas (2009) dijo "el aprendizaje depende de la memoria para su permanencia y, de manera inversa, la memoria no tendría contenido si no tuviera lugar el aprendizaje." 

La memoria es la retención del aprendizaje o mirándolo de otra manera, no aprenderíamos nada si no lográramos memorizarlo. 

En el proceso de memoria se dan tres pasos: 

1. La forma de que los conocimientos lleguen a nosotros es el registro sensorial, ya que es por medio de los sentidos que nos ponemos en contacto con lo que estamos aprendiendo.

Si en el primer estadio del registro no se realiza algún tipo de repaso de la información, después de un lapso de 3 segundos ésta se olvida.

Si se realiza un repaso, puedo estar almacenada por corto plazo, pero el recuerdo no durará más de aproximadamente 30 segundos. Esta es la memoria a corto plazo.

2. Memoria a corto plazo. Esto viene a ser como un pantallazo que se queda impregnado en nuestra visión de lo que acabamos de ver o un eco que retumba en los oído de lo que acabamos de escuchar por unos pocos segundo.

3. Si se presentan ciertas acciones que impliquen un repaso de la información, puede pasar a ser almacenada en la memoria a largo plazo.

Con respecto a esto, el filósofo alemán Ebbinghaus planteó la teoría de La curva del olvido de acuerdo a un experimento realizado en el que le pedía a un grupo de personas que memorizaran una serie de sílabas sin sentido.

Llegó a la conclusión de que un 75% de lo aprendido era olvidado en sólo dos días. Si se realizaban repasos de lo que había sido aprendido, esta curva iba disminuyendo de la siguiente manera:


  •   Realizar el primer repaso 2 días después se recuerda aproximadamente 20%.
  • Segundo repaso 6 días después, 60%.
  • Tercer repaso 14 días después, 80%.


Los intervalos de los repasos pueden hacerse cada vez más largos sin que se pierda la eficiencia. Algunos autores inclusive recomiendan que estos intervalos se hagan lo más amplio posible para disminuir el esfuerzo y el tiempo empleado. (Dempster 1987, 1988, 1996)

Etchepareborda (2005) nos da unas pautas de trabajo:

  • Procurar que intervenga el mayor número posible de sentidos a la hora de procesar los datos, realizando un proceso multisensorial.
  • Evitar lo máximo posible las interfecciones externas, creando un entorno adecuado, facilitando así la capacidad de concentración.
  • Relacionar los elementos a aprendder con los ya adquiridos para darles mayor significado (aprendizaje significativo).
  • Recuperar la informción fraccionada, de adelante hacia atrás y viceversa, comprobando casa cierto tiempo nuestra capacidad de memorizar. 
En las siguientes reflexiones estaremos hablando de algunas técnicas de estudio que pueden ayudar a los estudiantes a realizar esta serie de repasos que los ayuden a memorizar.