martes, 8 de marzo de 2016

La magia de las figuras alrededor de nosotros II

Después de realizar nuestro trabajo relacionado con las figuras planas pasamos a las figuras tridimensionales.

Los nombres en inglés (y me imagino que en español también), son más difíciles de aprender para los estudiantes que los de las figuras planas, porque son mucho menos usados en la vida cotidiana. Así que para facilitar este proceso, la primera actividad que realizamos fue la siguiente:

Los estudiantes trajeron diferentes objetos de su casa como cajas de cereal, latas de comida, balones, sombreros de fiesta, etc.

En el tablero les proyecté las figuras tridimensionales que estaríamos trabajando con sus respectivos nombres.









Cada niño debía observar los nombres de las figuras y en unos pedazos de papel nombrar sus propios objetos.

Todas ellos fueron expuestos en la parte de atrás del salón para que los estudiantes pudieran mirarlos continuamente y así ir memorizando sus nombres.

Evidentemente en esta actividad también se trabajada la relación de las figuras con su entorno.

Para continuar este trabajo de asimilación de los nombres de las figuras y la relación con lo que los rodea, les entregué una hoja dividida en seis con los nombres de las figuras. En parejas debían pensar en objetos que vieran en el salón de clase o en el colegio que tuvieran una forma similar y dibujarlos.

En el transcurso de la actividad, algunos de ellos comenzaron a preguntarme por objetos que no se encontraban allí, pero que ellos identificaban con las figuras. Así que extendí la actividad a cualquier tipo de objeto que ellos quisieran realizar.


En las figuras tridimensionales, los aspectos principales que se estudian son: la relación que tienen con las figuras planas y sus características (caras, bordes y vértices).

Para el primer punto, los estudiantes tomaron los objetos y trazaron las caras en una hoja de block pinares. Una vez que lo hacían, debían observar qué figura plana quedaba y nombrarla. De esta forma se hicieron una idea de que las caras de las figuras tridimensionales eran las figuras planas.


Para la siguiente actividad, les llevé un par de objetos: una figura plana y una tridimensional que tuvieran relación.

Por ejemplo, en un salón llevé el cuadrado y el cubo, en otro el rectángulo y el prisma rectangular y en el otro un triángulo y una pirámide y les pedí que las compararan.

Les entregué unos pequeños pedazos de papel y les pregunté en que eran iguales y compartimos las respuestas. Realizamos lo mismo para las diferencias.

En términos generales y utilizando las palabras de los niños, en las semejanzas se dieron cuenta de que tenían la misma figura, puntas y lados. En las diferencias mencionaban que tenían más lados, más puntas y lo más importante de todo, se dieron cuenta de que unas figuras eran planas y las otras "gordas".

Evidentemente todos estos conceptos se aclaran después en el trabajo con el cuaderno y con el libro.

Para el segundo punto, les llevé a los niños sets de palitos de chuzo y plastilina. Hicimos la relación de que los palitos iban a ser los bordes de las figuras y la plastilina, los vértices.


De esta forma, debido al desarrollo del pensamiento abstracto que tienen en la edad, fue más fácil para ellos poder identificar cuántas caras, bordes y vértices tienen las figuras.


sábado, 5 de marzo de 2016

No vivas para trabajar...




El año pasado, todas las mañanas tenía un tiempo de reflexión con mis estudiantes al iniciar el día. Durante unos meses, estuvimos leyendo una cartilla llamada El man está vivo, del Padre Alberto Linares, en la que se comparten reflexiones sobre cómo ser una mejores personas, no enfocado a una religión en concreto, sino a valores en general.

La cartilla tenía una oración inicial, una reflexión del día y una tarea para realizar.

Un día la reflexión se centraba en valorar a nuestras familias y como tarea le decía a los niños que se acercaran a sus padres y les comentaran cuanto los querían con un beso y un abrazo.

Una vez que terminábamos la lectura, dejaba un tiempo para que los niños comentaran el contenido. Ese día muchas manos se levantaron y los comentarios que escuché fueron, resumidos, los siguientes:

- mis papás llegan muy tarde de trabajar y ya me tengo que dormir.
- mi mamá no llega tarde, pero se la pasa pegada del computador trabajando y me dice que no la moleste.
- ¿se lo puedo decir a mi nana? Es que con ella es con la que estoy todo el día.
- mi papá siempre está viajando, así que no se lo puedo decir.

En ese entonces era directora de grupo de un grado de primero. Sus comentarios me impresionaron y procedí a escribirle un correo a los papás contándoles lo que ellos habían dicho. Se lo dije a ella y ahora lo comparto en esta reflexión.

Es muy probable que las impresiones de los niños no correspondieran completamente a la realidad, pero esa era la impresión con la que ellos estaban viviendo.

Una de las mamás se acercó a preguntarme qué había dicho su hijo. Él en concreto me había comentado que su mamá llegaba más o menos a las ¡diez de la noche!

Ella me contó que eso no era así, sino que ella había empezado a trabajar y como estaba llegando más o menos a las seis, seguro el niño resentía la diferencia.

Independiente de la hora en que ella llegara, lo cierto era que para él, su mamá ya no estaba presente.

Yo los animé a todos y ahora lo hago con todos lo que leen este blog:

Conversen con sus hijos sobre el tema y pregúntenles cómo se sienten. Evaluen el tiempo que pasan con ellos, no sólo en la cantidad, sino en el tipo de actividades que realizan.

Vean la forma de mostrarle a sus hijos que ustedes sí están presentes. Recuerden que el tiempo que no pasan con ellos, no lo podemos suplir los maestros.