martes, 29 de septiembre de 2015

¿Que se acaben las tareas?

El día de ayer el Ministerio de Educación lanzó esta pregunta en Facebook con base en un artículo publicado por el país cuyo link anexo al final del artículo.

El tema de las tareas ha sido parte de las reflexiones que me han acompañado en estos últimos meses,  pues veo que es un tema álgido tanto para los profesores, como para los niños y los padres de familia.

Me alegra mucho que el ministerio se abra a estas reflexiones en pro de una mejor educación en nuestro país.

Como docente pienso que las tareas no deberían existir. La primera razón para esto es que yo, como adulta, no quiero tener que llevarme trabajo a mi casa. Cuando termina la jornada laboral, lo que más deseo es poder dedicar el resto del día a otro tipo de cosas que me encanta hacer: practicar un deporte, leer, escribir, estar con mi esposo, jugar con mis mascotas. 

¿Por qué para los niños esto habría de ser diferente? Ellos también después de pasar su jornada de trabajo en el colegio quieren poder dedicarse a las cosas que les gusta: jugar.

Por otro lado, he notado que esto se vuelve en un espacio tensionante entre padres e hijos. En nuestra época lo más normal es encontrarnos con que ambos padres de familia trabajan y llegan alrededor de las seis de la tarde a sus casas. 

Éste debería ser un tiempo para compartir en familia, para conversar sobre el día, jugar, practicar algún deporte juntos, ver un programa y muchas cosas más. En vez de esto, se convierte generalmente en un tiempo de pelea, porque los niños no quieren estudiar por lo anteriormente mencionado y los papás tampoco quieren hacerlo después de su cansada jornada de trabajo.

En los colegios en que las tareas tienen además una calificación numérica, la cosa es aún peor pues se suma la preocupación de esta calificación, llevando muchas veces a que sean los padres los que realicen este trabajo o peor aún, a que se contrate una profesora particular para que lo haga.

En contraposición muchas personas argumentan que si los conceptos no se practican, no serán asimilados. Esto nos llevaría a una reflexión dedicada a los maestros, sobre cómo se están dando las clases, que seguramente abordaré en muchas ocasiones más adelante.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Descubrir al genio detrás de las malas notas, las buenas notas y los defectos.


Hace unos días vi la siguiente imagen circulando por Facebook e inmediatamente la compartí en mi muro:



Desde hace varios años, pero con mayor intensidad en los últimos tiempos, me encuentro reflexionando y dialogando con mis amigas que también son profesoras sobre esta triste realidad: cuantas veces por estar sumergidos en un sistema educativo que parece solo importarle los exámenes y las pruebas, pasamos por alto a estudiantes que tienen grandes capacidades, pero que quizá esas grandes capacidades no son para ganar exámenes.

El día de ayer, tuve la suerte de participar en un encuentro con el escritor español Jordi Sierra i Fabra.


Además de compartirnos técnicas de narrativa, cómo construir una escena, un diálogo, de dónde sacar ideas para un relato, nos contó cómo había comenzado su carrera como escritor. 

Y me encontré con esa historia que tantas veces escucho, de un niño con una dificultad muy evidente, era tartamudo, que dio con unos profesores que no supieron mirar más allá. Y, riéndose ahora, nos contó cómo su maestra le dijo delante de toda la clase que él no iba a ser nadie en la vida, que simplemente era un fracasado. 

Para ese entonces él ya se encontraba leyendo un libro diario y había escrito sus primeros relatos. El primero de ellos, cuando se lo entregó a su padre, se lo rompió en la cara y le dijo que le prohibía ser escritor.

Lo extraordinario de la historia no es todo esto. Aunque no lo creamos, esto es lo ordinario. Lo extraordinario es que ese pequeño niño haya perseverado y sea ahora el escritor que es. 

Lo que casi siempre sucede es que ese niño se centra en ser exitoso en lo que sus padres y maestros le piden, toma clases particulares, pasa el colegio regularmente, lo mismo la universidad y pierde ese talento que tenía dentro de una forma natural.

Termino esta reflexión con otra imagen, que es al mismo tiempo una invitación para potenciar esas grandes capacidades que tienen nuestros hijos y alumnos.




lunes, 14 de septiembre de 2015

No sabemos interpretar la educación.

Comparto este artículo que habla sobre la realidad de nuestra educación actual. Me alegra inmensamente que cada ve haya más personas que toman conciencia de las falencias de nuestro sistema actual, para que pronto tengamos una renovación. 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Educando con mascotas: creer en los niños.

Hace unos días un compañero de trabajo me sugirió que además de estar escribiendo reflexiones tipo artículo en mi blog, sería muy enriquecedor que compartiera experiencias que vivimos a diario. Muchas gracias por esta sugerencia que espero pueda enriquecer a muchos más.

Hace unos meses, una de mis grandes amigas en el colegio en que trabajo, trajo unas crisálidas para mostrarle a los niños el ciclo de vida de la mariposa. Una de ellas no pudo liberar su alita a tiempo y quedó más arrugada que la otra. Así que entre algunas profes nos turnábamos para cuidarla y que pudiera volar cuando finalmente la estirara. Estando con ella mi salón, una de mis alumna me dijo que quería tener una mariposa de mascota en el salón.

A pesar de ser una gran amante de los animales, no la animé mucho, sino que me limité a explicarle que las mariposas por ser animales silvestres, no podían estar en nuesro salón. Me insistió por varios días y siempre le di la misma respuesta.

No me esperaba que a los pocos días llegaría con una mejor idea. Se tomó el trabajo de investigar que animales pueden ser considerados como mascotas y cuáles de ellos podrían estar en un salón de clase. Así que me dijo que ya que no podían ser mariposas tuviéramos un hámster.

Viéndola tan entusiasmada acepté su propuesta, pero con unas cuantas condiciones: primero, ella tendría que gestionar todo el permiso en el colegio para poder tener las mascotas; segundo, el salón tendría que comprometerse con el cuidado de las mascotas y todo lo que implica tenerlas.

En este punto ya comenzó a gustarme la idea, pues vi como podría servirme para enseñarles a los niños muchas cosas sobre la verdadera tenencia de una mascota y además motivar la disciplina, como una colega me sugirió una vez.

Mi alumna conversó con la directora de escuela, quien le dijo que tendría que hablar con la rectora. Para seguir sorprendiéndome, sin cinco de pena se dirigió inmeditamente a su oficina para solicitar el permiso, el cual fue aprobado, con la condición de que hubiera ciertos compromisos de todos los niños, tal y como yo había pensado.

Me comunicó muy contenta la noticia y me dijo que ella hablaría con todos para que se hicieran los compromisos. Al día siguiente, cuando entré al salón, encontré una cartelera escrita por ella en la que se resumían los compromisos que adquirirían:

- No gritar pues los hámsters se pueden asustar y morir.
- No correr porque los podemos tumbar.
- No distraernos en clase con ellos, sino en los tiempo que debe ser.
- Turnarnos en recreo y en los fines de semana para cuidarlos.
- Limpiar la jaula y darles la comida.

Aún no habíamos comprado los hámsters y yo ya había sacado una grande lección para mi vocación como profesora: creer en los niños. Esta aluma se encontraba tan motivada con este proyecto, que ella con la ayuda de sus amigas se encargó de todas las diligencias que fueron necesarias, sin que yo, como su profesora, tuviera que interceder en absolutamente nada.

A partir de ese día, comencé a delegar muchas de las responsabilidades de la vida diaria en un salón, que solía pensar que ellos no podrían hacer bien. Pegué dos afiches gigantes en los que juntos escribimos las diferentes cosas que tenemos que hacer en un salón: pasar la asistencia, actualizar el calendario, recordar las tareas que tienen, velar por el orden, repartir libros, repartir exámenes, cuidar la planta y además las nuevas responsabilidades que venían con los hámsters: limpiar la jaula, servirles la comida, cambiarles el agua, llevarlos a casa los fines de semana.

Una vez más, muchos de los niños me han sorprendido por la forma como se apersonan de las responsabilidades que se les asignan. Así que, aquí va la primera enseñanza que me ha traído educar con mascotas: confiemos en los niños y en todo lo que pueden hacer cuando se cree en ellos y se les pone un proyecto en las manos.