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Mostrando entradas de diciembre, 2013

El dolor, un nuevo maestro.

El domingo pasado tuvimos la famosa reunión familiar de Navidad. Dentro de los muchos temas de conversación, comenzamos a hablar de que casi todos los primos tenemos tatuajes. David, un primo mío que sólo tiene 16 años, ya se ha hecho tres. Y esto por supuesto despertó una gran polémica familiar sobre que es muy pequeño y que cuando crezca se va a arrepentir y ya no se los va a poder quitar.
Independientemente del tema de si es apropiado o no hacerse tatuajes a esa edad, mi primo comentó: "Hay tatuajes que se los hace a uno a la vida en el alma y nada se los quita. Y de eso, nadie opina nada."
Algunas experiencias que he vivido en los últimos dos meses me han demostrado que algunos de los tatuajes más profundos e indelebles son hechos por el dolor en el corazón.

Hay dolores que no se pueden compartir con nadie y toca llevarlos solos y en silencio. Hay dolores que muy pocos comprenden, como la pérdida de una mascota y casi termina uno sintiéndose mal por sentirse mal por eso…