martes, 31 de enero de 2012

La diferencia entre educar y enseñar

En esta reflexión del día de hoy quisiera dialogar de un tema que me parece fascinante especialmente para los profesores, pero que en muchos momentos también puede ser muy enriquecedor para los padres de familia.
La mayoría de los docentes nos encontramos en un aula de clase para dictar una materia específica: matemáticas, ciencias naturales, sociales, física, gimnasia, arte... En la mayoría de los centros educativos se incluyen materias como ética y religión lo que lleva a muchos docentes a pensar que esos son los espacios para educar a los estudiantes.
¿Por qué caemos en este error? Me atrevería a afirmar que la mayoría de las veces es porque nos encontramos tan ocupados con las tantas tareas que trae ser profesor y especialmente con cumplir un currículo o programa, que pensamos que "perder" diez minutos de una clase en formación, no nos deja cumplir con nuestras obligaciones.
Es cierto que como profesores tenemos un currículo que generalmente es muy extenso y nos obliga a usar nuestro tiempo exhaustivamente y a tratar de no desperdiciar ni un minuto de la clase.
Reflexionemos en este momento en cuantos de nosotros nos acordamos saliendo del colegio de todas las capitales de Europa, de todas las partes de la célula animal y vegetal, de cómo factorizar, de identificar que  una frase está escrita en la tercera persona del pasado pluscuamperfecto...  Lo más seguro es que de acuerdo con los intereses personales se nos haya quedado grabada cierta información de sociales, de biología, de matemáticas o de español... pero todos los contenidos que aprendimos en el colegio, seguramente no los recordamos.
Lo mismo les sucede a nuestros alumnos. Nosotros les enseñamos muchos contenidos, pero muchos de ellos los olvidarán. Y seguramente si recuerdan a alguno de nosotros, no nos recordarán como: "ese fue el profesor que me enseño el proceso de la fotosíntesis" Si nos recuerdan será por los aprendizajes significativos que les dimos en su vida.
Aquí es donde en mi opinión entra la diferencia entre enseñar y educar.Enseñar es transmitir una serie de conocimientos a las personas. Educar es tomar a la persona completa, tanto los conocimientos específicos que debe aprender, como la formación de su mente y de su personalidad, la adquisición de habilidades para desenvolverse en la sociedad y el perfeccionamiento de todas las facultades humanas. En este sentido yo equiparo la educación con la formación.
El salón de clase en este contexto se convierte en un escenario perfecto para aprovechar las cosas que suceden diariamente y educar y formar a los alumnos. Hacer una pausa, reflexionar con ellos sobre un comportamiento específico ya sea bueno o negativo que pueda enriquecerlos.
Evidentemente tanto la educación como la enseñanza son necesarias y se deberían como algo junto. Mientras enseño, educo. Y no como algo separado. Acaba de llegar mi momento de educar.
Pues la enseñanza nos dará la información y los conocimientos para tener una capacitación profesional y un trabajo. Y la educación nos dará las herramientas para manejar toda esta información exitosamente.
No desperdiciemos ningún momento que tenemos para enseñar y educar a nuestros hijos y alumnos.



sábado, 28 de enero de 2012

Cómo educar con amor.

El elemento principal de la educación es el amor. Así escrito suena muy bonito, pero... ¿cómo volver esto realidad?

Ayer recibí un comentario con la pregunta de cómo lograr educar con amor, aplicando este mismo principio al liderazgo que deben tener las personas que tienen a otras personas a cargo en el ambiente laboral.Estos mismos consejos pueden ser aplicados por todos los padres de familia y profesores.
Evidentemente no hay una fórmula mágica que sea tomarse tres goticas de cierta medicina por las mañanas.

El formar a los demás con amor es una cuestión de actitud y por lo tanto de trabajo personal. Para esto lo primero es la decisión de querer hacerlo. Cosa que sé es difícil de realizar. Si una persona ha estado acostumbrada a realizar las cosas de una cierta manera y considera que así tiene buenos resultados, es poco probable que quiera cambiar su modus operandi.

Pero sólo debe darle una oportunidad. Tomárselo de pronto como una prueba para ver que resultados tiene y al obtener tanto resultados positivos, sin duda alguna, querrá seguir actuando así.
Para tomar esta decisión de cambiar la forma de proceder, el primer paso puede ser hacer una autoevaluación del propio rendimiento y el rendimiento de las personas que tiene encomendadas.

Algunas preguntas útiles para la autoevaluación:

  1. Al pensar en ir a mi trabajo (o en pasar el día con mi hijos) ¿Cuál es el sentimiento que brota automáticamente? 
  2. Durante el tiempo que estoy en el salón de clase, en mi empresa o pasando un tiempo con mis hijos ¿Cuál es mi estado de ánimo predominante? 
  3. ¿Qué pienso de mis alumnos, empleados, hijos? 
  4. ¿Qué conozco de la vida de mis empleados o de mis alumnos?
  5. ¿Con qué frecuencia mis empleados, alumnos o hijos quieren pasar un tiempo diferente del obligatorio conmigo?
  6. ¿Qué resultados obtengo?
Cuando mi actitud como líder (ya sea en una empresa, en un salón de clases o como padre) generalmente es negativa: me da pereza ir a trabajar, pienso que las cosas que salen mal siempre son culpa de los otros, no conozco a mis empleados o alumnos, ellos no quieren pasar tiempo conmigo, es porque evidentemente algo está mal en la forma como hago las cosas. No en como los demás hacen las cosas, sino en como yo, el líder, hago las cosas. Llegar a este punto ya es una gran ganancia porque me aceptar que tengo que cambiar.

Además de esta encuesta de mi propia satisfacción, aplicar una a mis alumnos o empleados también puede ser muy útil. Allí podré ver que las personas a mi cargo se sienten insatisfechas, no están felices. Y esto factor disminuye notablemente la eficacia y eficiencia en lo que se realiza. Todos sabemos que cuando algo no nos gusta, no ponemos todo nuestro empeño en realizarlo, nos limitamos con cumplir con lo mínimo necesario para que no nos despidan o para no perder las materias. Y esto en una empresa hace una diferencia notable.

Gerry Czarnecki autor del libro Lead with Love (Lidera con amor) habla de la diferencia que hay cuando las personas siente una verdadera pasión por lo que realizan.




Después de tomar la decisión de cambiar mi actitud, viene un proceso de acercarme a las personas a mi cargo para conocerlas y compartir tiempo con ellas para así poder generar un ambiente de confianza.

Por otro lado está la motivación. Las personas reaccionan mil veces mejor al ser motivados, al sentir que su trabajo es valorado, y más aún que su trabajo, que él como persona es valorado, que al sólo obtener quejar y críticas de su trabajo. Siempre podemos encontrar algo positivo que decir.
Frente alumnos que tienen dificultades en el comportamiento, al corregirlo es más productivo valorar lo positivo y después decirle en qué tiene que mejorar, que simplemente decirle lo que hace mal, porque así la idea que queda en su cabeza, es que él sólo hace cosas malas, pues es lo único que escucha. Así que si sólo hace cosas malas, ¿para que esforzarse?

Simón, tú eres un niño muy inteligente, tienes muchas ideas que aportar al grupo, realizas tus trabajos muy bien. Sin embargo, el que te estés parando del puesto y hablando con los demás compañeros, no te deja poner atención para poder aportar todo lo que tu saber. Si pusieras más atención, serías un alumno excelente. Así Simón ve que él tiene mucho que aportar y probablemente quiera poner más atención para poder aportar más de lo que sabe.

Después de aplicar estas técnicas está también el mantener siempre una actitud de autoevaluación. Siempre habrá equivocaciones. Muchas veces por las noches al llegar a mi casa veo los momentos en que perdí la paciencia y no le hablé con tanto cariño a algún estudiante, o sólo supe reprenderlo por algo que había hecho mal. El ver mi error, me permite pensar en la actitud que quiero tener con mis alumnos al día siguiente y llegar pensando cómo corregir y formar con amor, valorando las cosas positivas.

Como conclusión a esta reflexión quiero invitarlos a todos: padres, profesores, jefes, líderes, a que le den una oportunidad a la formación con amor, basada en una alta motivación positiva, en un conocimiento de las personas que están a nuestro cargo, en una valoración de las cosas positivas del otro. Verán que su ambiente de trabajo comenzará a cambiar inmediatamente e inclusive ustedes mismos se sentirán más felices.

viernes, 27 de enero de 2012

El elemento principal: el amor

Este blog como ya lo he dicho anteriormente, no pretende ser un tratado de educación. Por esto no se irán tratando progresivamente temas comenzando por la niñez y llegando a la juventud, o tratando métodos de educación o de estudio. Iremos tratando diferentes temas a medida que vayan surgiendo las necesidades, preguntas o comentarios de las personas que me ayudan a construir este  blog: los lectores.
Dentro de la maravillosa vocación de ser educador, hay un elemento fundamental mucho más importante que cualquier otro: el amor. 
Los niños y jóvenes sienten, ven y perciben el amor en cualquier contacto que tienen con la persona adulta. En la forma como les hablamos, como hablamos de ellos, como los corregimos, felicitamos, animamos y en algo tan sencillo, como los miramos.
Primero quisiera hacerle una reflexión a los docentes. Muchas veces nosotros como profesores recibimos alumnos a los que sólo les vemos la cara y un comportamiento determinado que en muchas ocasiones es negativo, ya sea por su bajo rendimiento académico, por su comportamiento o por ambos.
Aunque lo sabemos, no nos detenemos a pensar que detrás de ese comportamiento hay todo un mundo desconocido para nosotros. 
Problemas familiares que pueden ser: situaciones económicas difíciles, un cambio de casa que conlleva el cambiar de amigos y de personas conocidas, la separación de los padres, que algunos de ellos tenga que vivir en otro lugar (ciudad o país), problemas sociales en el mismo colegio que muchas veces permanecen ocultos a los profesores.
Estas dificultades traen una gran carga emocional que al no saberla manifestar correctamente, termina en un mal comportamiento o una pérdida de materias.
Evidentemente aquí se están esbozando estos elementos muy someramente y la idea es profundizar en ellos más adelante. 
Muchas veces lo que estos niños necesitan es encontrar amor, cariño, comprensión y al recibir esto se desenvuelven de una manera completamente diversa.
Acerquémonos a conversar con estos niños para ver cuáles son sus dificultades y problemas. Preguntémosle a los padres de familia para conocer la situación por la que están pasando, para que así entendamos los comportamientos que tienen.
Una vez que se da esta comprensión viene el trato que le brindamos a los niños. Y aquí entra para todos, padres y docentes. Hay comportamientos que llegan realmente a desesperarnos, a hacernos perder la paciencia. Y nuestra primera reacción es un grito, un castigo y en el caso de los padres, algunas veces una pela o golpe.
Todas estas reacciones no salen de un deseo de formar, de educar, de querer que la persona sea mejor, que reflexiones sobre su comportamiento y lo cambie.
La mayoría de las veces nacen de un desahogo a la frustración y por lo tanto, no aportan anda al moldeamiento de esa persona.
Alguna persona puede decir que después no ha vuelto a observar ese comportamiento. Y puede ser cierto. Pero seguramente es más por miedo, que porque se haya adquirido un aprendizaje.
Las personas reaccionamos mucho mejor con amor. Y quiero dejar muy claro que al hablar de la educación con amor, no me estoy refiriendo para nada a la alcagüetería (como decimos coloquialmente). No es que como lo quiero tanto entonces que haga lo que quiera. No. Porque esto tampoco es amor. Eso llega a ser es indiferencia.
Al educar con amor, me refiero a acercarse a estos niños o jóvenes y dialogar con ellos sobre la situación que requiere una educación. Preguntarle por qué lo hizo, si cree que está bien, por qué está mal. Si requiere un castigo, evidentemente se puede poner. Siempre y cuando este sea proporcionado a lo sucedido.
Hace algunos años tuve un alumno al que voy a llamar Juan. Era un niño desordenado en todo. Las cosas en su escritorio, los cuadernos, tenía una letra difícil de entender. Era lento para escribir en clase y por lo tanto no terminaba las actividades, perdía las materias. Sin embargo, se notaba que era un niño muy inteligente.
Muchas de sus profesoras perdían la paciencia al ver que no era capaz de escribir, que no encontraba sus cosas, que su letra era ininteligible.
Lo que este niño necesitaba era que le hablaran y lo trataran con cariño. Que alguien se acercara y le dijera que él podía hacerlo, que ya lo estaba haciendo bien.
Una vez estaba escribiendo un texto del tablero y la profesora le decía con un grito tras otro que borrara y volviera a escribir. Por casualidad entré al salón y vi que cada vez que la profesora le gritaba, Juan escribía más feo, con las letras más juntas y hacía tanta fuerza que casi rompía la hoja al escribir.
Me acerqué a él, arranqué la hoja y le dije que comenzara de nuevo, que él podía hacerlo, que él escribía muy bonito. No voy a decir que la letra quedó preciosa, pero finalmente pudo terminar lo que estaba escribiendo y salir a descanso.
Lo que Juan necesitaba eran una palabras de cariño, que le dijeran que lo podía hacer. No gritos diciéndole lo mal que lo hacía.
Esto mismo sucede con la mayoría no sólo de los niños, sino inclusive de las personas.
Cuando es necesario poner un castigo, reprender, se puede hacer sin gritar, se puede hacer inclusive con cariño, para que las personas sientan que los queremos y que por esto es que hablamos con ellos sobre las acciones que son incorrectas.
Muchas veces es inclusive mejor reprender un momento después de que la persona haya cometido la acción incorrecta, porque de pronto en el mismo instante estamos molestos, irritables, fuera de nuestras casillas y lo único que vamos a hacer, será desahogarnos.
Un momento después podemos hablar con calma, decir lo que estuvo mal e imponer una acción que traiga un aprendizaje.
Un buen artículo para más adelante puede ser compartir buenas acciones de aprendizaje que no sean desahogos, sino educaciones con cariño.

martes, 24 de enero de 2012

La vocación de educar

Alrededor del año 2003 comencé a involucrarme en la apasionante tarea de ser educadora. Lo hice en México mientras estudiaba la carrera de psico-pedagogía. Allí estuve trabajando durante dos años en un colegio llamado Mano Amiga donde les daba orientación a niñas de 11 -12 años de escasos recursos.
 En el 2005 mi experiencia en la educación cambió completamente pues estuve trabajando en un Centro de Formación como tutora de filosofía y teología de estudiantes con dificultades en el aprendizaje. Un grandioso trabajo que sólo duró dos años, pues tuve la oportunidad de irme para Chile.
En Chile estuve alrededor de dos años y medio. Volví a trabajar en la orientación de niñas, pero esta vez de edades entre los 9 y los 18 años en dos colegios, el San Isidro y La Cruz.
Finalmente decidí volver a mi país Colombia  y desde el 2009 he estado trabajando en el colegio Sagrado Corazón Montemayor como directora de grupo y profesora de diferentes áreas(inglés, ciencias naturales, ciencia sociales, matemáticas y geometría) en diferentes grados de primaria.
Siempre he tenido en el corazón el deseo inmenso de escribir. Así que he decido combinar mis dos pasiones: la escritura y la educación, para compartir con todas las personas que estén involucradas con la educación diferentes reflexiones.
Al referirme a las personas que de alguna manera se relacionan con la educación, no me refiero solamente a los docentes, también están psicólogos, personal de apoyo en la educación, coordinadores, directores y sobre todo, padres de familia, pues ellos son las personas que tienen encomendad especialmente la ardua tarea de la educación.
No pretendo dar aquí discursos o cátedras sobre la educación, pues como verán, mis estudios no son tan amplios. El principal propósito de este blog es que todas las personas que ingresen compartan sus experiencias, sus reflexiones, sus dificultades y que entre todos podamos construir ideas valiosas que nos ayuden a los docentes, padres de familia, directores en esta maravillosa vocación de ser educadores.
Todas las personas están invitadas a comentar y a despertar debates y discusiones que sean muy enriquecedores para todos.
Si tienes contacto con este blog y conoces a padres de familia, a docentes, a coordinadores, a directores, invítalos a que entren y participen.
Esta primera reflexión quiero centrarla en lo que es la vocación de educar.
Como muchos sabrán el verbo educar viene del latín educere, que quiere decir moldear.
Como padres, docentes o como cualquier ente que participa del proceso educativo de una persona, se nos confía una persona que la mayoría de las veces no tiene una personalidad completamente definida.
Todo lo que vamos haciendo, las palabras que le dirigimos, las miradas, la forma como la tratamos, va dejando en esa persona una huella. Es la forma como vamos amasando esa plastilina que es la persona para convertirla en lo que será más adelante.
Es importante recordar y tener en cuenta que para los niños nada es indiferente. Ellos lo observan todo y lo absorben todo.
Quiero invitarlos a todos a que reflexiones en esto. A que veamos la trascendentalidad de nuestra misión para que nuestros actos no sean realizados a la ligera, sino siempre pensando en que estamos dejando huella y en que estamos formando a una persona para que sea de una determinada manera en el futuro.
Como profesores de área y las múltiples exigencias que tiene como entregar planeaciones, reportes, informes, dejar tareas y exámenes, calificar tareas y exámenes, pasar notas, realizar hojar de vida, diarios de campo, etc. muchas veces podemos caer en centrar nuestro trabajo en eso: en enseñar una materia, en que los niños aprendan a sumar por dos dígitos reagrupando.
Pero el dictar esa materia es sólo una excusa que tenemos para dejar una huella profunda en esas personas que todos los días están al lado de nosotros. No es que vayamos a dejar de enseñar esas materias, porque esto también es importante para el futuro desarrolla de nuestros hijos o alumnos. Pero nunca debemos dejar de lado la oportunidad de enseñar los aprendizajes que son realmente valiosos para la vida.