miércoles, 27 de abril de 2016

Sobre ESE niño del que todos los padres se quejan y no quieren que su propio hijo esté con él

Esta mañana he leído una carta escrita por Amy Murray, la directora de educación infantil en la Calgary French & International School en Canada. 

Esta situación no es extraña para nosotros los maestros. Todos los años tenemos al menos un niño, que es ESE niño.

Es doloroso para mí cuando sabiendo por lo que está pasando ESE niño, vienen papás a decirme que qué más voy a hacer. Que ellos ya no van a aguantar más esa situación. Inclusive me dicen que dónde pueden poner una queja formal. Yo en mi interior me pregunto: ¿Qué es lo que quieren? ¿Que lo echen del colegio? ¿Acaso no merece ESE niño al igual que todos los demás, que luchemos por él para darle una vida mejor?

Por mi parte, mi promesa es la misma que la de la maestra, yo lucharé por todos los ESE niños para hacer que su vida sea un poquito mejor.

Simms Taback

Queridos padres:

Lo sé. Estáis preocupados. Cada día, vuestro hijo llega con una historia sobre ESE niño. El que está siempre golpeando, empujando, pellizcando, molestando, quizás incluso mordiendo a otros niños. El que siempre va de mi mano en la fila. El que tiene un lugar especial en la alfombra, y a veces se sienta en una silla en vez de en el suelo. El que tuvo que dejar de jugar con bloques porque los bloques no son para lanzar. El que se subió a la valla del patio en el momento exacto en el que yo le decía que parara. El que tiró la leche de su compañero al suelo en un arranque de rabia. A propósito. Mientras yo le miraba. Y luego, cuando le pedí que lo limpiara, vació la caja de pañuelos ENTERA. A propósito. Mientras yo le miraba. El que soltó la más terrible palabrota en la clase de gimnasia.

Os preocupa que ESE niño desmerezca el aprendizaje de vuestro hijo. Os preocupa que absorba mucho de mi tiempo y energía, y que vuestro hijo salga perdiendo. Os preocupa que algún día le haga daño a alguien. Os preocupa que este “alguien” pudiera ser vuestro hijo. Os preocupa que vuestro hijo empiece a usar la agresión para conseguir lo que quiere. Os preocupa que vuestro hijo empeore sus resultados porque quizás yo no me dé cuenta de que le cuesta sujetar el lápiz. Lo sé.

Vuestro hijo, este año, en esta clase, a su edad, no es ESE chico. Vuestro hijo no es perfecto pero suele seguir las reglas. Es capaz de compartir los juguetes sin pelear. No lanza muebles. Levanta la mano para hablar. Trabaja cuando es la hora de trabajar y juega cuando es la hora de jugar. Se puede confiar en que vaya directamente al baño y regrese sin engaños. Cree que las peores palabrotas son “estúpido” y “tonto”. Lo sé.

Fijaos, me preocupo todo el tiempo. Sobre TODOS ellos. Me preocupo por las dificultades de vuestro hijo con el lápiz, por cómo lee las letras otro, por la timidez de esa chiquitina, y porque hay otro que lleva siempre la caja del desayuno vacía. Me preocupa que la chaqueta de Gavin no abrigue lo suficiente, y porque el padre de Talitha le grita por dibujar la B del revés. La mayoría de mis desplazamientos en coche y duchas las dedico a estas preocupaciones.

Pero, lo sé, quereis hablar sobre ESE niño. Porque la B invertida de Talitha no le va a poner un ojo morado a vuestro hijo.

Yo también quiero hablar de ESE niño, pero hay muchas cosas que no puedo contaros.

No puedo contaros que le adoptaron en un orfanato a los 18 meses.

No os puede decir que está haciendo una dieta para descartar alergias alimentarias, y que tiene hambre TODO EL TIEMPO.

No os puedo contar que sus padres están en medio de un horrendo divorcio, y que está viviendo con su abuela.

No puedo contaros que empieza a preocuparme que la abuela beba…

No te puedo contar que la medicación para el asma le agita.

No puedo contaros que su madre es monoparental, y por esto entra en el colegio cuando abre la acogida matinal y se queda hasta la acogida vespertina, y después el viaje hasta casa les lleva 40 minutos y por esto duerme menos que muchos adultos.

No puedo contaros que ha sido testigo de violencia doméstica.

De acuerdo, decís, entendeis que no puedo compartir información personal o familiar. Sólo queréis saber qué estoy HACIENDO al respecto de su comportamiento.

Me encantaría decíroslo. Pero no puedo.

No puedo contaros que va a logopedia, que han descubierto un retraso severo del lenguaje y que los terapeutas piensan que las agresiones tienen que ver con la frustración por no ser capaz de comunicarse.

No puedo contaros que me veo con sus padres CADA semana, y que ambos habitualmente lloran en estas reuniones.

No puedo contaros que el niño y yo tenemos una señal secreta con las manos para que me diga cuando necesita sentarse solo un rato.

No puedo deciros que pasa el descanso acurrucado en mi regazo porque “me hace sentir mejor oír tu corazón, señu”.

No puedo contaros que he estado rastreando meticulosamente sus incidentes agresivos durante 3 meses, y que se han reducido de 5 incidentes al día, a 5 por semana.

No puedo contaros que la secretaria del colegio ha aceptado que le mande a su despacho a “ayudarla” cuando me doy cuenta de que necesita un cambio de escenario.

No puedo contaros que me he puesto de pie en una reunión de docentes y que, con lágrimas en mis ojos, les he ROGADO a mis compañeros que le echen un vistazo extra, que sean amables aunque se sientan frustrados de que haya vuelto a pinchar a alguien, y esta vez, JUSTO DELANTE DE UN PROFESOR.

El asunto es que hay TANTAS COSAS que no puedo contaros sobre ESE niño. Ni siquiera lo bueno.

No puedo contaros que su trabajo en el aula es regar las plantas y que lloró con el corazón roto cuando una de las plantas no sobrevivió a las vacaciones de Navidad.

No puedo contaros que despide a su hermanita con un beso cada mañana, y le susurra “eres la luz de mi vida”, antes de que mamá se aleje con el carrito.

No puedo contaros que sabe más sobre tormentas que muchos meteorólogos.

No puedo contaros que a menudo se ofrece para sacar punta a los lápices durante el recreo.

No puedo contaros que estruja al pelo de su mejor amiga en el descanso.

No puedo contaros que, cuando algún compañero llora, cruza el aula para ir a buscar su cuento favorito desde el rincón de las historias.

El asunto es, queridos padres, que solo puedo hablaros de VUESTRO hijo. Así, lo que os puedo decir es esto:

Si nunca, en cualquier momento, VUESTRO hijo se convierte en ESE niño…

No compartiré vuestros asuntos personales con otros padres de la clase.

Me comunicaré con vosotros con frecuencia, y con amabilidad.

Me aseguraré de que haya pañuelos cerca en nuestras reuniones, y si me dejais, os sujetaré la mano mientras lloráis.

Defenderé que vuestro hijo y vuestra familia reciban los servicios especializados de mayor calidad, y cooperaré con estos profesionales en la mayor medida posible.

Me aseguraré de que vuestro hijo reciba amor y mimos extras cuando más lo necesite.

Seré la voz de vuestro hijo en la comunidad escolar.

Seguiré, pase lo que pase, buscando y descubriendo, todas las cosas buenas, asombrosas, especiales y maravillosas de vuestro hijo.

Os recordaré a él y a VOSOTROS de estas cosas buenas asombrosas especiales maravillosas, una y otra vez.

Y cuando otro padre se acerque, con quejas sobre VUESTRO hijo…

Le contaré esto, una y otra vez.

Con mucho cariño,

La maestra.

lunes, 25 de abril de 2016

Horario en casa

Es muy común que en las diferentes reuniones que tengo con los papás me planteen la dificultad que encuentran para que sus hijos se sienten a estudiar mientras ellos llegan del trabajo.

Los padres esperan que sus hijos tengan una rutina que sea más o menos llegar a casa, quitarse el uniforme y ponerse ropa cómoda, comer algo, sentarse a estudiar y realizar una actividad de descanso.

Para los adultos esta secuencia de actividades parece sencilla. Sin embargo, para los niños llega a ser algo abstracto y difícil de seguir.

Generalmente les recomiendo que tengan un horario en algún lugar visible de la casa, que les ayude a los niños a mirar la secuencia de actividades que deben seguir.

Hoy me he encontrado esta idea que quiero compartir porque me ha parecido muy concreta, visual y fácil de seguir para los niños. 

Como pueden observar los materiales son muy ecológicos: sólo se necesita una caja de cartón, hojas recicladas y marcadores.

Los pasos que les propongo para realizarlo son los siguientes:

1. Sentarse con sus hijos y escribir una lista de las cosas que ustedes esperan que los niños hagan por la tarde. Preguntarles antes, para ver cuáles de ellas ellos ya tienen asimiladas. Una vez que los niños den sus respuestas, complementarlas con las que les hagan falta.

2. En conjunto calcular más o menos cuánto tiempo debe dedicar a cada actividad. Las ilustraciones que pueden observar como referencia no tienen el horario, pero les recomiendo que lo añadan, pues es una guía importante para los niños.

3. Realizar dibujos ilustrativos de cada una de las actividades.

4. Pegarlos en la caja de cartón en el orden en que debe realizarlos el niño y escribir en la parte de arriba la hora aproximada y en la parte de abajo, la descripción de la actividad.






Este horario no sólo será de gran ayuda en el momento de organizar las actividades de la tarde, sino que además podrán disfrutar de un tiempo en familia diseñándolo.

lunes, 18 de abril de 2016

La curva del olvido

Todos sabemos que la memoria es una parte fundamental en el proceso de aprendizaje. De hecho Bayas (2009) dijo "el aprendizaje depende de la memoria para su permanencia y, de manera inversa, la memoria no tendría contenido si no tuviera lugar el aprendizaje." 

La memoria es la retención del aprendizaje o mirándolo de otra manera, no aprenderíamos nada si no lográramos memorizarlo. 

En el proceso de memoria se dan tres pasos: 

1. La forma de que los conocimientos lleguen a nosotros es el registro sensorial, ya que es por medio de los sentidos que nos ponemos en contacto con lo que estamos aprendiendo.

Si en el primer estadio del registro no se realiza algún tipo de repaso de la información, después de un lapso de 3 segundos ésta se olvida.

Si se realiza un repaso, puedo estar almacenada por corto plazo, pero el recuerdo no durará más de aproximadamente 30 segundos. Esta es la memoria a corto plazo.

2. Memoria a corto plazo. Esto viene a ser como un pantallazo que se queda impregnado en nuestra visión de lo que acabamos de ver o un eco que retumba en los oído de lo que acabamos de escuchar por unos pocos segundo.

3. Si se presentan ciertas acciones que impliquen un repaso de la información, puede pasar a ser almacenada en la memoria a largo plazo.

Con respecto a esto, el filósofo alemán Ebbinghaus planteó la teoría de La curva del olvido de acuerdo a un experimento realizado en el que le pedía a un grupo de personas que memorizaran una serie de sílabas sin sentido.

Llegó a la conclusión de que un 75% de lo aprendido era olvidado en sólo dos días. Si se realizaban repasos de lo que había sido aprendido, esta curva iba disminuyendo de la siguiente manera:


  •   Realizar el primer repaso 2 días después se recuerda aproximadamente 20%.
  • Segundo repaso 6 días después, 60%.
  • Tercer repaso 14 días después, 80%.


Los intervalos de los repasos pueden hacerse cada vez más largos sin que se pierda la eficiencia. Algunos autores inclusive recomiendan que estos intervalos se hagan lo más amplio posible para disminuir el esfuerzo y el tiempo empleado. (Dempster 1987, 1988, 1996)

Etchepareborda (2005) nos da unas pautas de trabajo:

  • Procurar que intervenga el mayor número posible de sentidos a la hora de procesar los datos, realizando un proceso multisensorial.
  • Evitar lo máximo posible las interfecciones externas, creando un entorno adecuado, facilitando así la capacidad de concentración.
  • Relacionar los elementos a aprendder con los ya adquiridos para darles mayor significado (aprendizaje significativo).
  • Recuperar la informción fraccionada, de adelante hacia atrás y viceversa, comprobando casa cierto tiempo nuestra capacidad de memorizar. 
En las siguientes reflexiones estaremos hablando de algunas técnicas de estudio que pueden ayudar a los estudiantes a realizar esta serie de repasos que los ayuden a memorizar.

martes, 8 de marzo de 2016

La magia de las figuras alrededor de nosotros II

Después de realizar nuestro trabajo relacionado con las figuras planas pasamos a las figuras tridimensionales.

Los nombres en inglés (y me imagino que en español también), son más difíciles de aprender para los estudiantes que los de las figuras planas, porque son mucho menos usados en la vida cotidiana. Así que para facilitar este proceso, la primera actividad que realizamos fue la siguiente:

Los estudiantes trajeron diferentes objetos de su casa como cajas de cereal, latas de comida, balones, sombreros de fiesta, etc.

En el tablero les proyecté las figuras tridimensionales que estaríamos trabajando con sus respectivos nombres.









Cada niño debía observar los nombres de las figuras y en unos pedazos de papel nombrar sus propios objetos.

Todas ellos fueron expuestos en la parte de atrás del salón para que los estudiantes pudieran mirarlos continuamente y así ir memorizando sus nombres.

Evidentemente en esta actividad también se trabajada la relación de las figuras con su entorno.

Para continuar este trabajo de asimilación de los nombres de las figuras y la relación con lo que los rodea, les entregué una hoja dividida en seis con los nombres de las figuras. En parejas debían pensar en objetos que vieran en el salón de clase o en el colegio que tuvieran una forma similar y dibujarlos.

En el transcurso de la actividad, algunos de ellos comenzaron a preguntarme por objetos que no se encontraban allí, pero que ellos identificaban con las figuras. Así que extendí la actividad a cualquier tipo de objeto que ellos quisieran realizar.


En las figuras tridimensionales, los aspectos principales que se estudian son: la relación que tienen con las figuras planas y sus características (caras, bordes y vértices).

Para el primer punto, los estudiantes tomaron los objetos y trazaron las caras en una hoja de block pinares. Una vez que lo hacían, debían observar qué figura plana quedaba y nombrarla. De esta forma se hicieron una idea de que las caras de las figuras tridimensionales eran las figuras planas.


Para la siguiente actividad, les llevé un par de objetos: una figura plana y una tridimensional que tuvieran relación.

Por ejemplo, en un salón llevé el cuadrado y el cubo, en otro el rectángulo y el prisma rectangular y en el otro un triángulo y una pirámide y les pedí que las compararan.

Les entregué unos pequeños pedazos de papel y les pregunté en que eran iguales y compartimos las respuestas. Realizamos lo mismo para las diferencias.

En términos generales y utilizando las palabras de los niños, en las semejanzas se dieron cuenta de que tenían la misma figura, puntas y lados. En las diferencias mencionaban que tenían más lados, más puntas y lo más importante de todo, se dieron cuenta de que unas figuras eran planas y las otras "gordas".

Evidentemente todos estos conceptos se aclaran después en el trabajo con el cuaderno y con el libro.

Para el segundo punto, les llevé a los niños sets de palitos de chuzo y plastilina. Hicimos la relación de que los palitos iban a ser los bordes de las figuras y la plastilina, los vértices.


De esta forma, debido al desarrollo del pensamiento abstracto que tienen en la edad, fue más fácil para ellos poder identificar cuántas caras, bordes y vértices tienen las figuras.


sábado, 5 de marzo de 2016

No vivas para trabajar...




El año pasado, todas las mañanas tenía un tiempo de reflexión con mis estudiantes al iniciar el día. Durante unos meses, estuvimos leyendo una cartilla llamada El man está vivo, del Padre Alberto Linares, en la que se comparten reflexiones sobre cómo ser una mejores personas, no enfocado a una religión en concreto, sino a valores en general.

La cartilla tenía una oración inicial, una reflexión del día y una tarea para realizar.

Un día la reflexión se centraba en valorar a nuestras familias y como tarea le decía a los niños que se acercaran a sus padres y les comentaran cuanto los querían con un beso y un abrazo.

Una vez que terminábamos la lectura, dejaba un tiempo para que los niños comentaran el contenido. Ese día muchas manos se levantaron y los comentarios que escuché fueron, resumidos, los siguientes:

- mis papás llegan muy tarde de trabajar y ya me tengo que dormir.
- mi mamá no llega tarde, pero se la pasa pegada del computador trabajando y me dice que no la moleste.
- ¿se lo puedo decir a mi nana? Es que con ella es con la que estoy todo el día.
- mi papá siempre está viajando, así que no se lo puedo decir.

En ese entonces era directora de grupo de un grado de primero. Sus comentarios me impresionaron y procedí a escribirle un correo a los papás contándoles lo que ellos habían dicho. Se lo dije a ella y ahora lo comparto en esta reflexión.

Es muy probable que las impresiones de los niños no correspondieran completamente a la realidad, pero esa era la impresión con la que ellos estaban viviendo.

Una de las mamás se acercó a preguntarme qué había dicho su hijo. Él en concreto me había comentado que su mamá llegaba más o menos a las ¡diez de la noche!

Ella me contó que eso no era así, sino que ella había empezado a trabajar y como estaba llegando más o menos a las seis, seguro el niño resentía la diferencia.

Independiente de la hora en que ella llegara, lo cierto era que para él, su mamá ya no estaba presente.

Yo los animé a todos y ahora lo hago con todos lo que leen este blog:

Conversen con sus hijos sobre el tema y pregúntenles cómo se sienten. Evaluen el tiempo que pasan con ellos, no sólo en la cantidad, sino en el tipo de actividades que realizan.

Vean la forma de mostrarle a sus hijos que ustedes sí están presentes. Recuerden que el tiempo que no pasan con ellos, no lo podemos suplir los maestros.





domingo, 21 de febrero de 2016

Aprender a decir NO

Hace algunos años, en el 2012, llegó el primer gato a mi familia. Era un Ruso Azul de cinco mes que me regaló la mamá de uno de mis alumnos. De pequeña siempre había tenido perros en mi casa y en la finca, así que estaba muy interesada en conocer este nuevo animal y tantas cosas que decían de él. Definitivamente sí representó un gran cambio en mi vida. En muchas cosas.

Una de ellas fue que desde que llegó y de acuerdo a mis posibilidades, he comenzado a ayudar a algunos animales de la calle. De vez en cuando he colaborado en fundaciones, he recibido gatos en hogar de paso en mi casa y he tomado algunos de  la calle para tenerlos conmigo mientras consigo para ellos un hogar.

Los últimos dos animales me han hecho reflexionar sobre un aspecto de nuestra cultura y es la incapacidad de las personas para decir no.

Hace más o menos dos meses rescaté una gatica negra de la calle pensando en tenerla en hogar de paso, pero en el momento de llevarla a la veterinaria y hacerle la prueba de sida y leucemia, resultó positiva para la última. Como yo tengo gatos y mis papás también, no podía llevarla a ninguna de las casas, así que la dejé en la veterinaria.

Una persona muy amablemente me ofreció tenerla en hogar de paso lo cual representaría menos gastos para mí. Pero cuando iba a llevarla me llamó una señora diciéndome que había leído mi publicación y que la quería adoptar. Para estar segura de esto, le pedí que nos viéramos en la veterinaria para que ella pudiera preguntar y solucionar todas las dudas que tuviera relacionadas con el tema de la leucemia felina. Me dijo que sí. Esto fue un día martes.

En la tarde cuando llegaba a mi casa, recibí una whatsapp de esta señora diciéndome que tenía que salir para un viaje de trabajo y que volvía el viernes. Que si nos podíamos ver ese día. No me gustó mucho por lo que opté por llamarla y con toda franqueza le dije que si ya no la quería adoptar me dijera de una vez, que yo entendía que eso podía pasar, pero que realmente necesitaba saberlo porque le estaba pagando guardería y una persona ya se había ofrecido para tenerla en hogar de paso.

Me juró y juró que ella sí iba a adoptarla. Llegó el viernes y cuando la llamé para cuadrar la entrega de la gata, la llamada se fue directo al buzón de voz, por lo que me imaginé que me había bloqueado. Para confirmarlo entré al whatsapp. Me sorprendí al darme cuenta que efectivamente lo había hecho.

Al día siguiente recibí un mensaje de una muchacha. De igual manera quedamos de  vernos en la veterinaria por el tema de la leucemia. 

Al otro día hablé con ella y me dijo que el que iba a adoptarla era su hermano y que él se pondría en contacto conmigo. Comenzaron las llamadas y los mensajes sin respuesta.

La semana pasada me sucedió lo mismo con un perro que rescaté. Recibí una llamada de un señor diciéndome que estaba interesado en adoptarlo y llevarlo a una finca, lo que me puso muy feliz. Ese día él no podía conocer al perro, por lo que quedamos de vernos al día siguiente. De igual manera tenía una fundación que me podía recibir al perro mientras tanto, por lo que fui muy clara con él. Al día siguiente, en horas de la mañana, comencé a llamarlo y nunca me contestó.

A los pocos días, salí con una persona cercana a un encuentro con otras personas que no resultó siendo lo que esperábamos. De repente mi acompañante les dijo que íbamos a ir a comprar algo y regresábamos. Yo pensé que así era. Cuando vi que seguíamos de largo le pregunté y me dijo que era para irnos más fácil...

Le pregunté que cuál era el problema de decirles que ya nos íbamos y no me supo responder. Le comenté que eso mismo es lo que a mí me pasa con mis animales rescatados y que yo agradecería inmensamente que la gente tuviera la valentía para acercarse y decirme: "NO".

Estos sucesos son los que me llevan a escribir esta reflexión invitando tanto a maestros como a padres de familia, a que le enseñen a los niños a su cargo a decir no. 

De pronto a esas personas les daba un poco de vergüenza decirme que no. Pero lo hubiera preferido mil veces. Con ambos animales perdí plata simplemente porque personas que se mostraron interesadas, cuando cambiaron de opinión no fueron capaces de responderme una llamada y simplemente decirme: "lo siento, ya no podré adoptarlo". Pero lo más importante, es que perdí tiempo valioso en que podría haberlos publicado y quizá haberles encontrado un hogar más pronto.

Una persona cercana que lleva más tiempo que yo en el rescate de los animales, al oír mis historias me dijo: "Es que tú eres muy boba. No les puedes creer hasta que no estés con ellos y veas que se van con el animal." Que pesar que hayamos llegado a ese punto en que la palabra de una persona llegue a significar nada y que el bobo sea el que cree.


martes, 16 de febrero de 2016

La magia de las figuras alrededor de nosotros

Este período he comenzado un proyecto para trabajar las figuras planas con mis estudiantes de primero. He podido ver que los niños lo han disfrutado mucho y al compartirlo con los papás también he recibido unos comentarios muy positivos. Por eso quiero compartir algunas de las actividades realizadas.



En la primera actividad que hicimos, les pedí a los niños que en parejas dibujaran las figuras que ellos sabían, trabajando con ellos la memoria de lo aprendido. Casi todos los niños coincidieron en dibujar cuadrados, círculos, rectángulos, triángulos y varios de ellos me hablaron de figuras como estrellas, corazones, nubes. Unos poco quisieron ir más allá en la actividad y me preguntaron si podían realizar dibujos en los que se "mezclaran" las figuras.





Una vez que observé que conceptos de figuras tenían los estudiantes, en la siguiente clase les llevé un cuadrado, un rectángulo, un cuadrilátero irregular, un círculo, un triángulo, un pentágono y un hexágono y les pregunté a los niños si conocían los nombres de estas figuras. La mayoría los conocían, así que a medida que me decían los nombres yo los escribí en las figuras para que pudieran visualizar y memorizar estos nombres. Pegamos estas figuras en unos cuartos de cartulina. 

Les devolví los trabajos que habían realizado y les pedí que las recortaran y las pegaran en los cuartos de cartulina trabajando con ellos la clasificación.  




Dentro de este proyecto es muy importante relacionar las figuras con el entorno. Realizamos dos actividades que los niños disfrutaron mucho. 




En la primera les entregué revistas para que ellos recortaran de ellos objetos en los que identificaban las figuras y que de igual manera los clasificaran en cuartos de cartulina.








En la siguiente actividad les entregué diferentes figuras y les pedí que realizaran un paisaje con ellas. Esta fue una de mis actividades favoritas.

Realizando un repaso de lo que habíamos trabajado le pregunté a los niños por qué creían que esta era mi actividad favorita y las respuestas que me dieron me gustaron aún más: porque usamos la imaginación, porque podemos ser creativos.


Para concluir este primer trabajo de las figuras estudiamos las características de las figuras: los lados y los vértices. Los niños recibieron un set de figuras que colorearon y recortaron para poder manipularlas y contar más fácilmente sus características. Después las pegaron en el cuaderno y al frente escribieron el número de lados, ángulos y vértices. Al ir haciendo el ejercicio ellos mismo fueron llegando a al conclusión de que el número era el mismo.


En las actividades evaluativas que tuvimos posteriormente pude ver una gran asimilación de los contenidos trabajados en las respuestas que me dieron los niños además de que las actividades fueron muy divertidas para ellos